De foodie a foodie: Vinoblanco, ‘must’ en Valencia

Cuando me gusta mucho algo, me obsesiono y estoy deseando repetir. Me suele pasar con canciones, zapatos, bolsos… Aunque sí que es verdad que he tenido auténticos flechazos con determinados restaurantes, al final me acababa desilusionando por algún detalle, bien porque se ponían demasiado de moda y ya se hacía muy incómodo ir o si no porque se convertían en algo que me había dejado de gustar y que había perdido la autenticidad de sus inicios.

Pocas veces he podido decir que me haya marcado tantísimo un restaurante como para haber ido tal número de veces que, si las contara, seguro que me asustaría. Sin embargo, hay un sitio en Valencia por el que siempre puedo apostar, ¡incluso en Fallas! Cada vez que tengo visita o que alguien me pregunta por un sitio al que ir en Valencia que sea un éxito seguro siempre pronuncio la misma palabra: Vinoblanco.

Para mí, desde la primera vez que lo visité hace ya más de dos años se ha convertido en un ‘must’. Diré que me encantan todos los platos de su carta, pero hay algunos que son realmente imprescindibles, como las croquetas de jamón y los buñuelos de bacalao, bocados suaves y cremosos con los que solo de pensarlo se me hace la boca agua.

También su ensaladilla rusa, completamente diferente a las demás. Muy picadita, con todos los ingredientes imprescindibles, está coronada por un bonito hecho por ellos con mucho mimo y la mayonesa lleva salicornia, una planta que crece en agua salada y que le da un sabor muy especial a la ensaladilla.

Otro imprescindible es la presa ibérica con alioli de romero. Brutal sabor a brasas, a ibérico, a un indudable 10.

Podría seguir con cada uno de los platos de la carta que he probado, pero estoy segura de que me eternizaría. Así que prefiero dejarte con un dulce final: la torrija de cazalla con helado de turrón y un señor postre de CHOCOLATE que no te puedes perder.

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Ya sabes, la próxima vez que tengas una cena… ¡Vinoblanco!

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