#ART: YAYOI KUSAMA

Yayoi Kusama es un buen ejemplo de como un trastorno psicológico puede convertirse en arte. Desde muy pequeña Yayoi Kusama comenzó a ser víctima de sus propias alucinaciones y trastornos obsesivos. “Si no pudiera hacer arte, me suicidaría”, declaraba Yayoi en una entrevista. Y es que para Yayoi el arte se ha convertido en un alivio, en un medio por el que canalizar los agresivos trastornos que padece.

 

De Yayoi Kusama no sólo llaman la atención sus peculiares obras, sus primeros años de vida fueron decisivos para su desarrollo. Criada en una familia tradicional japonesa, su madre la obligaba a espiar a su padre cuando se marchaba de casa con sus amantes geishas y luego le obligaba a describir las escenas que había presenciado. Desde muy pequeña Yayoi quedó traumatizada y comenzó a sufrir alucinaciones. Oír a hablar a las plantas y a los animales fueron algunas ellas .

Cuando Yayoi Kusama fue lo suficientemente mayor para independizarse decidió en un primer momento trasladarse a Tokyo, más tarde a Francia y finalmente a Nueva York.

Nueva York fue un punto de partida crucial en el desarrollo de la obra de Yayoi Kusama. Una vez allí, Yayoi pudo conocer de primera mano la obra de otros artistas de la época entre los que se encontraban artistas tan destacados como Donald Judd que fue uno de los máximos exponentes del minimalismo.

Durante su estancia en Nueva York Yayoi Kusama experimentó y desarrolló gran parte de su obra. Yayoi no dudó en experimentar con un sinfín de técnicas y soportes entre los que se encontraban la pintura, la escultura y también se lanzó a probar suerte con los hapennings, que llevó a cabo en lugares emblemáticos como el puente de Brooklyn o el Central Park. Muchos de ellos fueron censurados por su desnudez y sus alusiones negativas al sistema político estadounidense y dieron pie a numerosas críticas que incrementaron su fama.

En la obra de Yayoi Kusama destacan los lunares como elemento principal. La mayoría de ellas se encuentran repletas de lunares y que según ella aparecen en todas sus alucinaciones. La obsesión de Yayoi le impide dejar de trabajar, su obra es interminable. Los lunares de Yayoi se han colado en editoriales de revistas de moda, en las fachadas de algunos edificios de Nueva York y en los escaparates de la firma Louis Vuitton.

Una de las obras más famosas de Yayoi Kusama es Infinity Mirrored Room. Una habitación que se encuentra repleta de pequeñas lucecitas y que impacta a espectador, pues le hace sentirse como si estuviese en medio del espacio.

Yayoi Kusama es definitiva e indudablemente una de las artistas más importantes, curiosas e interesantes del s.XX.

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