Al baile! By Manuel Dos Santos

 Otro año más, engalanados y con muchas ganas de volver a respirar la esencia del Pitti surcamos los cielos y nos plantamos en la bella Florencia un día antes de que diera comienzo la edición. El cuartel general esta vez fue un acogedor apartamento a escasos pasos del majestuoso Duomo, el cual, al igual que cada rincón, calle y monumento de la capital de la región Toscana impresionan de una manera extraordinaria.
 La tarde del lunes valió de toma de contacto. Paseos, recuerdos y compra de reservas y útiles para subsistir las siguientes jornadas. Cena casera y descanso fueron el broche a la víspera del ansiado evento.
 La verdad que el madrugar nunca me ha importado, al contrario, además soy de los fieles a esa frase de Richard Whately que dice que si pierdes una hora por la mañana la estarás buscando todo el día, así pues, entre eso y las ganas que se apoderan de mi las horas, incluso días antes de la feria todo ayuda a que no moleste para nada el despertador.
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Manuel Dos Santos 
Un monocromo de grises y mis fieles mocasines negros fueron la opción elegida para arribar a la Fortezza a través de la vía Guelfa, una de las arterias que allí desembocan. Miles de personas ya congestionaban la plaza, la entrada y las calles aledañas mientras fotógrafos de streetstyle y de prensa de distintas ciudades y países pujaban por los mejores puestos para capturar lo más destacado y abrir la veda con la crème de la crème de lo que iba a ser  #pittiuomo91.
 Después de sacar la correspondiente acreditación, comenzamos por un vistazo rápido a varios de los pabellones que acogen la inmensidad de firmas que acuden cada temporada, unas ya veteranas y otras que quieren hacerse un hueco en esta importante y conocida plataforma de moda masculina. Café, de el de verdad, de rigor en el padiglione centrale para entrar en calor y combatir el frío temporal que abrazó la ciudad en esos días y creo, por la pinta que tenía la cosa que seguirá haciéndolo aún. Tras ese delicioso doppio seguimos con la visita, eso si, dejando algo para los postreros días. Caras conocidas tanto de admirados diseñadores, modelos, fotógrafos e influencers como de amigos y compañeros de mi ciudad natal se iban sucediendo mientras dejábamos a un lado recintos y colecciones para cruzar paseando la famosa plaza que hace de punto de encuentro con su famoso banco de piedra improvisado y sus calles plagadas de estilo, atrevimiento y elegancia.
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 En el segundo y tercer día continuamos viendo el resto de propuestas, nuevas opciones de compra de última tecnología como las presentadas por el gigante americano Tommy Hilfiger con pantallas táctiles y gestiones virtuales, o la manera de mantener la sofisticación y clase hasta en las pistas de esquí como la elegida por Ermenegildo Zegna en una simbiosis de estilos.
 Alta sartoria y sus más delicados detalles y cuidados, infinidad de complementos y marcas que traen lo más profundo de la moda y cultura urbanas dejaban su sello una edición más en el escenario por excelencia en lo que al menswear se refiere.
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 La prenda clave tanto en las casas de la exposición como en los asistentes fue el abrigo. Desde los básicos que capitanean los fondos de todo guardarropa hasta los modelos, hechuras y acabados más variopintos, seña de identidad del pitti. Lana, pieles, acolchados…capas, mantas y bufandas. Todo vale para no dejar paso al frío sin perder ni un ápice de estilo.
 Nos despedimos, no sin nostalgia, hasta la próxima visita a esta cuna mundial del arte y su significativa convención.
   ARRIVEDERCI

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